Sosteniendo Las Teas Encendidas
“Y los tres escuadrones tocaron sus bocinas, y quebrando los cántaros tomaron en las manos izquierdas las teas y en las derechas las, los cuernos que tenían, y dieron grita: ¡La espada del Señor y de Gedeón" (Jueces 7:20).
La historia donde este relato bíblico tuvo que realizarse, es bien conocida entre los que conocemos la Santa Biblia, Dios llamó a Gedeón para que libertara a Israel de sus enemigos. Gedeón logró formar un ejército de treinta dos mil soldados. El Señor le dijo que eran muchos y que si ganaban la guerra el crédito iba ser para el ejército y no para el Señor.
Dios le ordenó entonces que les dijera a todos que los que tuvieran miedo se fueran para sus casas durante lo oscuro de la noche para que nadie los viera. Se fueron veintidós mil, y sólo quedaron diez mil. El Señor dijo a Gedeón que aun eran muchos, que llevara "el pueblo a las aguas" (versos 5 y 6). En esa prueba salieron reprobados nueve mil setecientos, y sólo quedaron trescientos.
Cualquiera puede imaginarse la nerviosidad de Gedeón al ver que su grande ejército se convirtió al final en un número pequeño. Pero la historia bíblica nos da razón que con esos trescientos soldados y con unas armas muy extrañas para ir a pelear una guerra, obtuvo la victoria sobre sus enemigos. Al final Gedeón pudo entender bien el propósito de Dios, porque así toda la gloria fue para el Señor.
La enseñanza que tenemos aquí es muy fácil de entender. Otras guerras semejantes están descritas en la historia de Israel. Pero también en la Iglesia del Señor la figura de la victoria de Gedeón se ha repetido durante las edades. Y hasta hoy el propósito de Dios sigue siendo el mismo: Que las victorias las ganemos no por el gran número de soldados, no por nuestras fuerzas propias, o por algunos otros medios de preparación humanos, más por Su Espíritu Santo.
En mi caminar ya por una vida en el ministerio del Señor, he tratado a muchos creyentes en diferentes partes del mundo, que he visto que aman y sirven a nuestro Dios con todas la fuerzas de su ser. Cristianos que no es el cumplir con las tradiciones de su religión lo que les preocupa más, sino el obedecer y agradar al Señor Jesucristo de acuerdo con la instrucción de Su Palabra. Muchos de estos cristianos no viven en ambientes favorables ni tienen los medios y ventajas que pueden considerarse indispensables para pelear la guerra espiritual. Pero estos "soldados de Dios", sin más armas que su profunda fe en Jesucristo el Señor, siguen sosteniendo "las teas encendidas", sabiendo que ya está cerca Su venida cuando nuestra gloriosa victoria será consumada.
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